Las aficiones de un tal Julio Cortázar

Miremos la foto. El escritor Julio Cortázar estaba apoyado en la pared de una habitación de su casa parisina de Place du General Beuret. Tiene entre sus manos la trompeta. Llena de aire sus carrillos y sopla la melodía. Es una de las instantáneas del fotógrafo Alberto Jonquières (Uruguay, 1927).

Las fotografías se recogen en el libro “Imagen de Julio Cortázar” (Centro de Editores, 2009), una microedición limitada de 300 ejemplares que tiene como aliciente no sólo las fotografías, sino también descubrir en ellas, de manera indirecta, cuáles eran los pasatiempos del creador de Rayuela. En muchas de las fotos, sólo hay que observar los detalles, los objetos, los fondos.

Cortázar era un gran amante del jazz, hecho que demuestra la trompeta de la foto superior. Si avanzamos por las páginas y fotografías de este libro joya, también descubrimos la pose del Julio barbado delante de su biblioteca.

Intuimos libros sobre el cine surrealista entre los anaqueles atestados de ejemplares. Si miramos más hacia la derecha de esa foto, emergen las botellas de güisqui y bourbon, otro de los placeres cortazarianos.

En otras fotos, regresamos al Cortazar barbilampiño. Era 1967 cuando Alberto Jonquières plasmó a Julio, con una pipa en la boca, a punto de iniciar la bocanada de tabaco.

La misma pose con su pipa se repite en el libro, como una continuidad. El escritor, una década después, habla por el auricular de un teléfono fijo, mientras una nube de humo sale de su pipa y asciende.
Son algunos de los detalles que el lector encuentra en este librito fotográfico que nos adentra al mundo de los pasatiempos de Cortázar, con un estupendo prólogo de Omar Prego Gadea, que precede a las fotos de Alberto Jonquières .

Reportaje por @dgonzaleztorres para coveritmedia.com

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