La huella de Miguel Delibes

Hasta que la enfermedad le obligó a amorrongarse en el sillón de su casa, muchas mañanas podía vérsele paseando por los alrededores del Campo Grande, entre pavos reales empingorotados y patos paletos. A su muerte en 2010, los vecinos de Valladolid salieron a la calle para devolver todo el cariño que él, libro tras libro, había regalado a una ciudad que los foráneos suelen considerar gris y plomiza.

Miguel Delibes era el prototipo de castellano: duro, austero y algo derrotista. Como muchos de los personajes de sus obras, que retrataban fielmente las costumbres, las maneras y las voces de los vecinos de Castilla – “Al chavea le dio esta noche por mamarse el fole”- y que muchas veces superaban cualquier corsé en el que se les quisiera contener, como opinó el novelista Manuel Longares.

Su prolífica obra se extiende durante más de seis décadas en las que prácticamente escribió un libro por año, desde La sombra del ciprés es alargada (1948), hasta La tierra herida: ¿qué mundo heredarán nuestros hijos? (2005), este último junto a su hijo Miguel. Y de todo ello, su favorito fue Viejas historias de Castilla la Vieja, que según el escritor José María Merino, es uno de los libros de cuentos más importantes de la literatura en castellano. A pesar de englobar su obra en el realismo rural, para Merino la obra del pinciano es tan universal como la de Faulkner, por su extrapolación arquetípica.

Con La sombra del ciprés es alargada ganó el Premio Nadal y, a pesar de haber recibido el Cervantes (1993), el Príncipe de Asturias (1982) y por partida doble el Premio Nacional de Narrativa -por Diario de un cazador (1955) y El hereje (1999)-, entre muchos otros, su relación con los premios fue distante, debido a su carácter humilde, recordó José Ignacio Díez, director del curso Lecturas de Miguel Delibes.

Un año atrás dejó huérfano el sillón E de la RAE y a los lectores de su prosa irrepetible, ya que, como admitió el literato Luis Mateo Díez, los grandes no dejan seguidores. “Sólo queda la emoción de haber vivido su mundo, hondo y profundo” en cada una de sus páginas.

Miguel Delibes nunca se casó con nada ni con nadie, salvo con Ángeles, la mujer de rojo sobre fondo gris, su debilidad, pero también su fortaleza. En una ocasión, le fue “ofrecido” el Premio Planeta y el escritor no solo lo rechazó, sino que habló públicamente del ofrecimiento, según relató el catedrático de Literatura José Ignacio Díez. Los editores se apresuraron a desmentirlo y lo calificaron como un error, pero él “siempre defendió sus convicciones hasta el final.

 

Reportaje de Marta Media para Coveritmedia.com

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