Scorsese reivindica el arte del cine mudo

 

Martin Scorsese lleva años ejerciendo como profesor de cine en algunos de sus documentales. `Un viaje personal con Martin Scorsese a través del cine norteamericano´, `El cine italiano según Martin Scorsese´ o `Letter to Elia´, peculiar carta de amor a las películas de Kazan firmado junto a Kent Jones, constatan el interés del director por trasmitir a los espectadores su pasión por la gran pantalla.

`La invención de Hugo´ le permite seguir con sus enseñanzas, aunque esta vez lo haga a través de la ficción. La excusa es la adaptación de un libro ilustrado de Brian Selznick, que ya era todo un homenaje declarado al mundo del cine. Desde su estructura, que da una misma importancia a los dibujos y la narración en palabras, hasta su temática, un homenaje al cine mudo.

Selznick acercaba así la literatura al mundo de la imagen. Scorsese da ahora el último paso para convertir la historia en verdadero cine.

La película sigue los pasos de Hugo Cabret, un chico huérfano que vive con su tío borracho en una estación de trenes parisina. Allí, mientras se encarga del mantenimiento de los trenes de la estación, intenta arreglar una autómata que su padre le regaló antes de morir en un incendio.

Para poder conseguir que vuelva a funcionar, el pequeño le roba las piezas al dueño de una tienda de juguetes. Sin embargo, el juguetero le pilla y le obliga a trabajar para él en compensación por los objetos robados.

Será entonces cuando Hugo conozca a Isabelle, una niña apasionada por la lectura que vive con el tendero gruñón y su esposa. Juntos descubrirán que el peculiar vendedor es uno de los pioneros del séptimo arte.

Con un guion de John Logan, que se demora en exceso en algunos aspectos secundarios de la trama, Martin Scorsese escribe en imágenes una carta de amor al cine mudo realizada con su habitual destreza técnica.

El realizador sabe sacar todo el provecho de la profundidad de campo que le permiten las tres dimensiones, sus movimientos de cámara consiguen que la película fluya cuando no lo hace el guion y logra que la película sea un espectáculo visual de primera calidad.

Todo ello, para mostrarnos quién fue Georges Méliès, el director de clásicos como `Viaje a la Luna´, y reivindicar de paso a Charles Chaplin, Harold Lloyd, Douglas Fairbanks o Buster Keaton, todos ellos figuras del cine mudo.

De hecho, Scorsese no solo se reencarna en la pareja de niños que asisten asombrados a las proyecciones de pionero del séptimo arte, sino también en el experto en cine que ayuda a los dos pequeños. Él es con sus documentales y gran parte de sus películas el peculiar guardián de la cinefilia.

A la vez, el cineasta aprovecha para homenajear lo que significó la capital francesa para la cultura durante las primeras décadas del siglo XX.

En este aspecto, no es casual que sosías del pintor Dalí, el novelista James Joyce o el guitarrista Django Reinhardt se paseen por este gran homenaje a la gran pantalla.

Crítica de cine por @JVallejoHeran para @Coveritmedia

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