El nuevo Spiderman es más frágil

El trepamuros regresa a la gran pantalla con una nueva franquicia que pretende dar una nueva visión del personaje. El responsable de la primera entrega, `The Amazing Spiderman´, es Marc Webb, un director que sorprendió a la crítica y al público con la comedia `(500) Días juntos´.

El cineasta ha abordado el personaje desde “un tono más naturalista”, según sus palabras durante una reciente visita a Madrid. El realizador prefiere decantarse por los problemas sentimentales de Peter Parker con Gwen Stacy o su relación con su tío Ben, que en su labor como Spiderman o su enfrentamiento con el Lagarto, el álter ego del doctor Connors.

Webb lo consigue en gran parte centrándose en la labor de los actores. Andrew Garfield encarna con sensibilidad a un chaval sorprendido por la aparición de los superpoderes y los cambios propios de la pubertad.

El intérprete norteamericano nunca sobreactúa y parece muy a gusto como el héroe enmascarado. Al fin y al cabo, no es una novedad para él enfundarse el esquijama.

“La primera vez que lo hice tenía tres años y escalaba las paredes de la sala de estar cuando mis padres no estaban”, ha confesado la estrella de Hollywood en un encuentro con los medios de comunicación españoles.

Garfield consigue transmitir a su personaje el “sentimiento de orfandad” que él mismo ha destacado en sus declaraciones a la prensa. El actor logra dar un toque de ingenuidad y fragilidad emocional que podría ser extensible al de cualquier adolescente más o menos sensible.

Igualmente ocurre con la estupenda Emma Stone, en la piel de Gwen Stacy, que convence como jovencita en la pubertad, aunque haya sobrepasado los veinte.

“Intenté volver a ser una adolescente enamorada, así que me moría de vergüenza en las tomas”, ha asegurado su actriz sobre su rol de novia del superhéroe.

En medio de este romance juvenil hay, por supuesto, un hueco para las escenas de acción, aunque queden en un segundo plano. El británico Rhys Ifans consigue dar el ajustado toque atormentado a Curt Connors, ese científico que investiga la regeneración de tejidos y prueba sus teorías en su propio cuerpo mutilado. La mala suerte le convierte, sin embargo, en un gran réptil que causará el pánico en la ciudad de Nueva York.

Sin embargo, su rol como supervillano resulta menos importante que su amistad con los padres fallecidos de Spiderman o su responsabilidad indirecta la transformación de Peter Parker en un héroe con poderes arácnidos.

Es precisamente este buceo en los orígenes del personaje y las razones de la muerte de sus progenitores fallecidos donde la película hace especial hincapié. Nunca antes en la pantalla habíamos visto a la madre y el padre de Peter. Ahora sabemos que su muerte en un accidente de avión pudo ser provocado por intereses empresariales.

Es precisamente este interés por abordar de una manera más elaborada las raíces de Peter Parker junto al tono más adolescente y romántico el que diferencia a la cinta de Webb de las películas sobre el personaje de Sam Raimi.

El director de Posesión infernal prefirió apostar más por la acción y el humor que por Peter Parker como personaje, que siempre quedó en un segundo termino ante el superhéroe.

Webb, por el contrario, se decanta por la faceta más humana del trepamuros y nos ofrece una historia de amor adolescente con toques amargos más cercana a (500) días juntos, su anterior largometraje, que al despliegue de acción y efectos especiales al que estamos acostumbrados en la mayoría de las adaptaciones de lo cómics de Marvel y DC.

Quizá no logre la fluidez y gracia de Spiderman 2, la mejor película sobre el hombre araña, aunque esté por encima de las otros dos largometrajes que completaron la primera trilogía cinematográfica del superhéroe.

Crítica por Julio Vallejo Herán | Coveritmedia

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