Enrique Marty, el artista infiltrado en los museos

Una señora con un abrigo caro observa estupefacta y rodea incrédula una escultura con un desnudo femenino completamente tumbado y custodiado por varias calaveras. Otro señor cree reconocer a una deidad griega en una estatua de un Zeus decadente y con lorzas que representa a la vieja y decadente Europa, con un ojo sacado por un cuervo.

Ambos piensan que no es la colección del Museo Lázaro Galdiano que conocían, pero siguen su visita descubriendo nuevas obras infiltradas en una de las mejores colecciones de arte que podemos encontrar en Madrid.

El artista salmantino fue invitado a reinterpretar algunas de sus obras favoritas y a habitar las salas, aunque prefirió el ‘modus operandi’ de un okupa colocando en los muros exteriores 16 obras de gran formato que reúnen reminiscencias de El Bosco, Teniers o Goya, ya vistas anteriormente, pero en una versión radicalmente distinta.

La salida del arte del hábitat sagrado del museo invita a descubrir lo que ha preparado Enrique Marty (1969) en ‘Reinterpretada I’. Destacan los conjuntos escultóricos, como las tres inspiradas en el ‘Étant donnés’ de Marcel Duchamp.

En esa misteriosa obra que muestra una mujer desnuda en medio del campo Duchamp trabajó durante veinte años. Una obra que invita al espectador a ejercer la figura de ‘voyeur’, como en el caso de las expuestas en el museo madrileño.

Otra escultura que impacta es la dedicada a Heliogábalo, el emperador romano que inspiró una obra al padre del ‘teatro de la crueldad’, Antonin Artaud. Le llamó “el anarquista coronado”, porque al asumir el trono sembró su corto reinado de anarquía, androginia y rituales sexuales públicos alejados de las costumbres del Imperio.

Las pequeñas esculturas de ídolos desperdigadas en las vitrinas también siguen la línea de Artaud y de una mitología alejada de cualquier clasicismo grecolatino.

El otro bloque fundamental de la exposición los componen los cuadros, en los que la versión del ‘Aquelarre’ de Goya ocupa un papel central, ya que el propio Lázaro Galdiano ejerce de macho cabrío en el cuadro. Para mayor sorpresa del espectador que participa en el juego visual los cuadros nuevos usan marcos antiguos y se han integrado perfectamente en las salas.

La edición única de doscientos catálogos con la propia intervención del artista en su portada completan el idilio creativo de Marty con los tesoros del coleccionista navarro . Un proceso que en las nuevas obras nos muestra algo totalmente transformado a como lo hemos conocido, a la manera de Rubens cuando copiaba los cuadros clásicos de las colecciones reales.

Reportaje / Entrevista por Javier Pérez Rey para Coveritmedia.

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