Literatura para esnobs

Los libros más odiados por los esnobs

“El Principito”, de Saint-Exupéry; “En el camino”, de Kerouac;  “El viejo y el mar”, de Hemingway;  o “La náusea”, de Sartre aparecen como títulos denostados por el esnobismo en el “Diccionario de la literatura para esnob”, de Fabrice Gaignault, que ahora se publica en España.

Todos tenemos un amigo al que es difícil regalarle un libro o charlar con él de literatura. A ese amigo ni le hables de la filosofía que atesora el best seller infantil de “El Principito”, de Saint Exupéry. Ni que “Melancolía era como se debió titular “La náusea”, de Jean Paul Sartre. Descarta mencionar qué romántica es la novela “El amante”, de Marguerite Duras. Porque te mirará con desprecio. O, lo que es peor: te preguntará, con una sonrisita pedante, si has consultado la Wikipedia antes de llegar a la fiesta de su cumpleaños. Tu amigo es un esnob.

Ni se te ocurra mencionar Le Cardinal, el presunto local noctámbulo de encuentros sexuales y borracheras con aguardiente de ciruelas, que congrega en Brive a los literatos bohemios durante la Feria del Libro parisina. ¡Cuidado! Si nombras Le Cardinal, seguro que dejará de ir. Recuerda: es un esnob.

En cambio, si para sorprenderle, citas un verso de Pierre Reverdy, no sólo continuará con la estrofa, sino que te mencionará día, mes, año y hora de su nacimiento, que sus libros los ilustraba Picasso, que se peinaba con la raya a un lado y que el poeta se alejó del surrealismo por desconfiar de la escritura automática y blablablá. Después de un gesto de perplejidad, también te preguntará si eres uno de los suyos: es un comportamiento –éste- muy esnob.

“El esnob literario no soporta que nadie sepa más que él sobre su ámbito predilecto (…) Recurrirá a los más vergonzosos procedimientos para noquear al ingenuo que se atreva a boxear en su territorio”, explica el periodista y escritor francés Fabrice Gaignault. Lo explica en el prólogo de “Diccionario de literatura para esnobs (y sobre todo para los que no lo son)”, que publica ahora en España la editorial Impedimenta.

Este compendio de Gaignault es como una Wikipedia en papel de la A a la Z, que desvela algunos de los secretos mejor guardados por la selecta intelectualidad de vanguardias. Con prólogo adicional de José Carlos Llop, e ilustraciones de Sara Morante, esta breve enciclopedia define términos afines, “sectas” literarias (el club de los bigotes largos, por ejemplo) o movimientos artísticos casi desconocidos para el gran público (periodismo Gonzo).

En este libro, sobre todo, reaparecen mini biografías de escritores de culto, autores esquizofrénicos, olvidados, drogadictos o suicidas, pero muy admirados por los literatos esnobistas.

Gaignault resucita así el género cínico y enciclopédico que, por ejemplo, puso de moda en Francia el dandy Philippe Jullian (“Diccionario del esnobismo”), o llegó a España con nuestro Ramón Gómez de la Serna y su listado de greguerías, o bien, más cercano, con la irreverencia del humorista José Luis Coll, y su diccionario de palabras ilustradas.

A aquellos diccionarios se suma este otro de Gaignault, cuyas fanáticas definiciones se complementan también con pequeños secretos, a modo de recetas de cocina (no hay nada más esnob). Aparecen así varias pequeñas listas ad hoc.

Está, por ejemplo, “la chuleta imprescindible para ahorrarse pifias monumentales”, que enuncia nombres o lugares indispensables para mantener una brevísima conversación con un esnob. O “las diez muertes más o menos esplendorosas”, que siempre rescatan en sus pedanterías los esnobistas.

Y otra lista, la más fragrante. Es la decena de títulos que conforman el decálogo de los libros más denostados por el clan de los esnobs: “Esnob debería más bien connotarse como secta electiva que siempre preferirá colocar en la cúspide de su panteón personal a un autor desconocido aunque considerado, por motivos que le incumben en exclusiva, mil veces superior a una de esas eminencias universales de las letras”, escribe Gaignault en su prólogo.

Y, por tanto, los libros más odiados por el esnobismo literario son…

1. “Bella del Señor”, de Albert Cohen
2. “El extranjero”, de Albert Camus
3. “El amante”, de Marguerite Duras
4. “El principito”, de Antoine de Saint Exupéry
5. “La condición humana”, de André Malraux
6. “Las uvas de la ira”, de John Steinbeck
7. “El viejo y el mar”, de Ernest Hemingway
8. “La náusea”, de Jean-Paul Sartre
9. “La espuma de los días”, de Boris Vian
10. “En el camino”, de Jack Kerouac

 

Reportaje por @dgonzaleztorres  para Coveritmedia.com

Mario Vargas Llosa

Los escritores que lee un premio Nobel

En un discurso entre lo literario y lo político, en defensa de la literatura y contra los totalitarismos el Premio Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa, desveló qué lecturas marcaron su carrera literaria durante el acto de aceptación del galardón de la Academia Sueca en Estocolmo.

Nombró su árbol genealógico y biográfico –su cartografía, en definitiva- de aquellas lecturas que todo escritor debería acometer para lograr, como él, quizás, en un futuro, el máximo reconocimiento mundial de las letras.

Mario Vargas Llosa inició sus palabras de aceptación del Nobel con una mención directa a la génesis de sus primigenias novelas. Nombró el colegio donde aprendió a leer a los cinco años y enumeró los héroes de las ficciones creados por Julio Verne, por Alejandro Dumas o por Emilio Salgari.

“La lectura convertía el sueño en vida (…) y ponía al alcance del pedacito de hombre que yo era el universo de la literatura”, dijo tras nombrar al Capitán Nemo y sus 20.000 leguas de viaje submarino o a los tres mosqueteros liderados por el joven D´Artagnan.

Después de este recorrido por su infancia, Vargas Llosa se aventuró por su periplo como escritor primerizo, accionó sus influencias siempre presentes, sus inquietudes y los espejos en los que, el ahora Nobel, se miró para aprender. Gustave Flaubert, por supuesto, William Faulkner, sin duda, pero muchos más.

De Flaubert, Vargas Llosa reiteró que fue un ejemplo para comprender que el talento “es una disciplina tenaz y una larga paciencia”. Y de Faulkner bebió de su rigor por la forma, porque, dijo, la estructura novelesca es lo que “engrandece o empobrece” los temas literarios.

Continuó Llosa cincelando sus maestros, como Cervantes, Dickens, Balzac, Conrad o Thomas Mann. Pero se detuvo en Sarte para recordar que las palabras y la literatura, marcadas por el compromiso político y social, pueden cambiar la historia. Sin menoscabo de Albert Camus y George Orwell, que además le enseñaron que la literatura “sin moral” raya la inhumanidad.

Entre los personajes literarios que rememoró el Premio Nobel 2010 se encuentran los míticos Capitán Ahab, de Moby Dick, de Meville; o las heroínas Emma Bovary o Anna Karenina, de Gustave Flaubert y León Tolstói.

Como no podía ser de otra manera, el escritor peruano rescató del olvido a Jorge Luis Borges (días antes del discurso ya lo mencionaba como ganador moral del galardón si por él fuera).

Latinoamérica siempre ha sido el territorio literario al que regresa Vargas Llosa, y, por ello, habló de ese sueño que fue “El Sur”, de Borges; pero también de la mitología o pueblo purgatorio de “Comala”, que en “Pedro Páramo” nos narró Juan Rulfo…

Julio Cortázar, Guillermo Cabrera Infante, Carlos Fuentes, Carlos Onetti fueron coetáneos suyos dentro y fuera de aquella etiqueta editorial que se llamó boom literario. Don Mario también los nombró en su discurso.

Cuando el Nobel transitó por los recuerdos que le llevaron de Perú a la capital europea de la cultura, aquel París de los 60 y 70, confesó que viajó hasta allí porque si se quedaba en su país tenía miedo de acabar como un escritor desconocido más. Y él quería ser como Balzac, como Stendhal, como Baudelaire, como Proust…

“De niño soñaba con llegar algún día a París, porque me ayudaría a convertirme en un verdadero escritor, porque si no salía de Perú solo sería un seudo escritor de días domingos y feriados”, dijo. Allí, en París coincidió con Sartre, con Camus, y descubrió el teatro de Ionesco y de Beckett.

Después, a su llegada a España, maduró como escritor, se consagró como novelista. Agradeció a Barcelona y a sus primeros editores (Carlos Barral) y su agente literaria (Carmen Balcells) lo que es hoy en día.

O, como él mismo atestiguó: si no hubiera publicado en España, nadie lo reconocería hoy como autor, el autor que recoge el Nobel 2010, el escritor que leyó a todos estos maestros, como deberían leerlos aquellos que, algún día, quisieran ganar (o perder, como Borges) un Premio Nobel de Literatura.