El thriller posmoderno de `Drive´

`Drive´ es la película del momento. Sin embargo, Nicolas Winding Refn, director al que debemos cintas de culto como la trilogía `Pusher´ o `Fear X´, no ha inventado nada. El cineasta danés se ha limitado a reformular en clave personal estilizados thrillers como `Driver´, una de las películas más olvidadas de Walter Hill, o también `Ladrón´, el debut en la pantalla grande de Michael Mann.

Curiosamente, ambos largometrajes eran cintas de acción norteamericanas que tomaban como referencia un cierto cine negro del viejo continente inspirado, a su vez, en películas estadounidenses.

El europeo Refn adapta sus referentes a su manera de ver el thriller y la violencia. Sus escenas de pelea son brutales, mientras que los momentos más románticos resultan de una hipnótica placidez. El realizador demuestra así su habilidad para desarrollar un cine de género personal muy alejado del frenesí de Michael Bay y otros realizadores de películas de acción más comercial.

Basado en la novela homónima de James Wallis, Drive sigue los pasos de un conductor con doble vida: trabaja como especialista por el día, mientras que las noches las reserva para ser el chófer de criminales. Su vida cambia cuando se enamora de una vecina que tiene un niño pequeño. La relación entre ambos se irá poco a poco estrechando. Sin embargo, su apacible existencia se verá alterada cuando el padre del chaval salga de la cárcel.

Aunque el exconvicto quiere dejar los negocios sucios en los que estaba metido antes de ingresar en prisión, un gángster no se lo permitirá. El mafioso quiere que salde una vieja deuda con un último trabajito. El conductor se ofrecerá a prestarle su ayuda a la pareja de su amada, aunque las cosas no saldrán como ambos esperan.

Con una trama bastante sencilla, Refn nos regala un ejercicio de estilo verdaderamente hipnótico. El realizador danés consigue una atmósfera de tensa placidez gracias a una magnífica utilización del ralentí, el sabio uso de la electrónica más relajada en la música incidental y los temas pop que aparecen en su banda sonora, y una dirección de actores que prima la contención frente a los desmelenes interpretativos.

El resultado es una película que nos ofrece un estupendo retrato de un hombre que se debate entre el amor por su vecina y la rabia que anida en su interior. Ryan Gosling borda el papel con una interpretación sutil y contenida.

Su trabajo recuerda en muchos momentos al de Alain Delon en El silencio de un hombre, aunque el personaje que encarna el joven actor canadiense resulte más simpático que el de la estrella francesa en el clásico de Jean Pierre-Melville.

A la vez, Refn aprovecha para hacer su particular homenaje a los 80 y, especialmente, a los primeros trabajos de Michael Mann. El uso de la estupenda banda sonora electrónica de Cliff Martínez recuerda en bastantes ocasiones a la música que compusieron Tangerine Dream o Jan Hammer para los primeros trabajos del director de Heat.

Por otra parte, la particular obsesión por los neones, los planos aéreos nocturnos y un cierto halo cool nos remite, sin ninguna duda, al creador de la serie de televisión Corrupción en Miami.

Al fin y al cabo, como le ocurre a Quentin Tarantino, Refn es un realizador cinéfilo que aprovecha sus filmes para mostrar la cantidad de películas que ha digerido a lo largo de su vida.

Crítica de cine por @JVallejoHeran para Coveritmedia.